Quisi茅ramos comenzar nuestro mensaje evocando palabras de San Juan Bautista Scalabrini, Patrono de nuestro Colegio, que hace m谩s de un siglo ya nos exhortaba a la magn铆fica responsable tarea de educar:

芦Eduquen religiosamente a un ni帽o y lo ver谩n tierno todav铆a pronunciar con respeto el nombre de Dios, admirarse con los milagros de la Creaci贸n, descubrir el v铆nculo que une la tierra con el cielo, el hombre con Dios, y sin darse cuenta siquiera, tomar谩n las m谩ximas de la fe como primera ley de su mente y de su esp铆ritu y todo ello ejercer谩 influencia sobre su porvenir, su conciencia y su car谩cter.禄

El transcurso del tiempo  ha permitido recolectar datos que estaban plasmados en papeles, apuntes, historiales que con letra g贸tica y con fotos en blanco y negro, permitieron observar la iniciativa de un joven sacerdote: Padre Jos茅 Fabi谩n que con profundo amor por los ni帽os y una f茅rrea voluntad trabaj贸 sin descanso para concretar uno de sus proyectos: El Colegio PIO XII.

Muchas fueron las personas que debieron contribuir para que se llegara a lo que es hoy el Colegio Monse帽or Scalabrini. Tenemos un edificio que si bien no es arquitect贸nicamente hermoso, tiene una belleza invalorable, que s贸lo la aprecia en su total dimensi贸n el que conoce la historia, porque todo en 茅l habla de generosidad y de sacrificios. Cada ladrillo, cada baldosa, cada may贸lica que lo forman podr铆an contar una historia…una historia de amor y abnegaci贸n.

Al revivir el pasado pasan  por nuestro esp铆ritu y coraz贸n, como un collage maravilloso, donde se conjugan rostros…rostros pensando, riendo, llorando y traduciendo en obras los proyectos so帽ados. Padre Jos茅 Fabi谩n: inspiraci贸n y tarea; Padre Jorge Berti: empe帽o y realizaci贸n.

Fueron los sacerdotes enviados a trazar y dar forma a la obra que s贸lo fue motivada por el gran amor hacia los ni帽os. Seguramente conmovidos por la preocupaci贸n de Juan B. Scalabrini:  鈥渕e llora el coraz贸n al ver tantos j贸venes estudiantes que se pierden, mientras tan f谩cilmente nosotros podr铆amos salvarlos鈥. Y as铆 naci贸 la escuela donde la se帽orita Mar铆a Emilia Rodr铆guez empez贸 con 5 alumnos en turno ma帽ana y 7 alumnos en turno tarde.

Estos primeros pasos no habr谩n sido sencillos porque los que somos educadores sabemos que lo que hacemos es apenas una gota en el oc茅ano de ofertas que llegan de todas partes. Pero para educadores so帽adores y alumbradores de vida, sabemos que vale m谩s una gota de agua limpia que un torrente de agua contaminada.

Los adultos sabemos que somos el libro donde el educando aprende a vivir. No es f谩cil entender que en esta tarea de ser maestros de vida proporcionamos a ni帽os y j贸venes fines y sentido de existencia, identidad gozosa que les ayude a ser personas logradas, estando nosotros implicados en el mismo intento vital.

Esta escuela ha tenido la bendici贸n de contar con verdaderos educadores, aquellos capaces de ir hasta el estanque, acercarse a 茅l todo lo que posible, asomarse dentro, descubrir y ayudar a descubrir el mosaico de piedra que est谩 en el fondo.

Si pudi茅ramos ver proyectada en una pantalla nuestra biograf铆a, aquella que nos moldea, ver铆amos asomar por detr谩s de nuestras conductas, creencias, opciones de vida, a los adultos que nos acompa帽aron en nuestro crecimiento. Es incre铆ble comprobar c贸mo con el paso de los a帽os detr谩s de la vida de los alumnos siempre asoma el adulto que los acompa帽贸 educativamente.

La Educaci贸n es camino de autenticidad por eso est谩 empedrado con teselas, con peque帽os trozos de mosaicos de interioridad. No quisi茅ramos dejar de referirnos a la tarea que las familias de la comunidad escolar y parroquial: padres de familia, abuelos, t铆os, padrinos espirituales, han desarrollado en beneficio del crecimiento de esta escuela sinti茅ndose educadores, actuando sobre personas en crecimiento y necesitados de acompa帽amiento.

Pero hay una figura de h谩bito negro, enroscado cabello, que enrojecido y sudoroso, trabaj贸 de sol a sol para producir el milagro. Ora preparando mezcla, ora colocando un tornillo, clavando maderas, elevando una plegaria. Ora aqu铆 y all谩 el querido Padre Jorge Berti, quien aliment贸 con sus propias manos, con su propio ser la escuela, hasta que la vio grande.

Luchador incansable y sin desmayo que erigi贸 una escuela fruto de su elevado amor por los ni帽os y conciencia de su verdadero apostolado aqu铆 en la tierra. Unos fueron los iniciadores, mucho otros los que continuaron la obra: los Misioneros Scalabrinianos, nuestros queridos sacerdotes, bajo cuyo cobijo y responsabilidad nuestro Colegio fue, no s贸lo completando su estructura f铆sica, sino tambi茅n consolidando su identidad de: Escuela Cat贸lica Scalabriniana.

 

Apuesta, riesgo, amor, empe帽o, compromiso, gu铆a, son algunos de los rasgos que marcaron y marcan su presencia junto a nosotros. Familias y escuela con 谩mbitos de intervenci贸n distintos pero ambos convencidos que se educa desde el coraz贸n, un coraz贸n que hay que cultivarlo y alimentarlo, porque s贸lo desde all铆 se puede reflexionar de manera privilegiada sobre los hijos y los alumnos, sobre nuestras convicciones y formas de actuar.

芦Por eso nuestro mensaje que nace del tejido institucional, siempre hecho de cabeza, coraz贸n y v铆sceras quiere de alguna forma ser un reconocimiento a aquellas personas que pensaron, creyeron, proyectaron, so帽aron, amaron y aman con sentido de donaci贸n, asimilando verdades y haci茅ndolas vida propia.禄

Y porque no queremos que nos pase lo que le pas贸 a aquel hombre que viv铆a en un pa铆s muy lejano que se olvid贸 de dar las gracias por todo lo que hab铆a recibido a lo largo de su vida y acab贸 olvid谩ndose qui茅n era….DECIMOS GRACIAS Pedimos  a Jes煤s Maestro bendiga a nuestras familias, a nuestra comunidad y a todas las personas, especialmente por las que necesitan de su misericordia.