Somos un Colegio que formamos parte de la Parroquia Madre de los Migrantes de Dorrego, Guaymallén. La escuela pertenece a los Misioneros de San Carlos Borromeo y fundamenta sus acciones en el “Ideario de las Escuelas Scalabrinianas”, que trabajamos bajo la protección de Juan Bautista Scalabrini, Apóstol de los Migrantes y Padre de la Catequesis.

Este colegio se creó en 1959, bajo el lema: “Sembrando Amor y Verdad”, para dar respuestas a las necesidades de apoyo escolar de hijos de inmigrantes italianos que poblaban la zona. Después de muchos años de trabajo, la cosecha ha sido y es abundante: hemos logrado completar y fortalecer los tres Niveles del trayecto escolar: Inicial, Primario y Secundario.

Pensamos que la educación es la tarea de llevar al alumno a hacerse cargo de su propio proyecto de VIDA, a realizarse como persona dentro de la comunidad y, así, responder a su fin existencial: el encuentro pleno con Dios, Suprema Verdad, Supremo Bien.»

La tarea de las Escuelas Scalabrinianas responde a la importancia que tiene la evangelización de la cultura, ya que «ella forma al hombre para su inserción en la sociedad, preparándolo a asumir un compromiso social ordenado a mejorar sus estructuras, conformándolas con los principios evangélicos, y para hacer de la convivencia entre los hombres una relación pacífica, fraterna y comunitaria.»

 

MISIÓN DEL COLEGIO MONSEÑOR SCALABRINI

Ser reconocidos en la sociedad argentina como un Colegio formador de alumnos con habilidades cognitivas y sociales distintivas, profundos valores cristianos y capaces de transformar el mundo en favor de los más vulnerables

OBJETIVO INSTITUCIONAL

“Iluminar la inteligencia a la luz de la verdad, mover la voluntad al bien, alimentar la fantasía, desarrollando armónicamente las facultades espirituales: en suma, educar las almas en los valores sublimes y nobles”.

Desde la institución, buscamos el desarrollo integral de la personalidad del alumno:

Atendiendo a su formación intelectual, espiritual y motriz, con el fin de lograr un ser humano capaz de conocer el mundo y transformarlo.

Fortaleciendo su autoestima y autoconfianza, que le permitirán insertarse en forma crítica y constructiva en la cultura y en la sociedad. – Promoviendo una educación abierta al mensaje evangélico y al carisma Scalabriniano, para creer en la fe, en la esperanza y en el servicio.

Formando un HOMBRE NUEVO, constructor de la CIVILIZACION DEL AMOR.

PRINCIPIOS DE NUESTRO IDEARIO QUE ORIENTAN Y UNIFICAN EL PROCESO EDUCATIVO

PRINCIPIOS DOCTRINALES

SER PARTICIPATIVO: Amor fiel al Padre que tiene su expresión en el amor a los hermanos. Por ser universal se concreta en el amor a los más pobres, a partir de los cuales se puede construir la fraternidad. El amor a Dios es para nosotros hoy, obra de Justicia Divina para con los hermanos más carenciados:

•amor que partirá siempre de la comunidad, vista como sujeto y objeto de cambios

•abarcará a la comunidad en su totalidad

•procurará la máxima participación de sus miembros

•trabajará en forma planificada sobre objetivos explícitos, claros, posibles y comunes

SER CRÍTICO: Hecho a imagen y semejanza de Dios, el hombre posee potencialidades que necesita conocer, asumir y cultivar, aprendiendo a ponerlas al servicio de sí mismo, del grupo, de la sociedad, en un clima de comunión y participación. La fe en sí mismo, en el grupo y en la sociedad, unida a la voluntad y a la perseverancia, generará el dinamismo (vitalidad) de su liberación integral.

Así, el hombre nuevo, inspirado en Cristo Jesús, que ordena amar al prójimo como a sí mismo (Mc. 12,3 1) encuentra en el amor a sí y al otro, la fuerza para superar el propio egoísmo y el mundo de las relaciones de dominación y opresión (Mt. 20,25)

SER LIBRE. La libertad implica siempre la capacidad que todos tenemos, en principio, de disponer de nosotros mismos, a fin de ir construyendo esa comunión y esa participación que se han de plasmar en realidades definitivas, en tres planos inseparables: la relación del hombre con el mundo, como señor; con las personas como hermanos y con Dios, como hijo.

SER COMPROMETIDO: El Hombre Nuevo, inspirado en Jesucristo, «que no vino para ser servido, sino para servir» (Mt. 20, 28), asume el servicio como implicancia del amor fraterno, superando un mundo de relaciones de dominación y de autoritarismo.

SER DIALOGAL: El diálogo es el encuentro entre los hombres.  Es el encuentro en el que la acción y la reflexión propias del diálogo se orientan hacia el mundo que es preciso transformar y humanizar.

SER SOLIDARIO: El hombre vive la solidaridad efectiva, buscando junto al otro la liberación y la promoción humana.  Sigue a Jesucristo, Hijo de Dios que, asumiendo a naturaleza humana, se solidarizó con nosotros, viviendo la situación de los más pobres.

SER DE CONVICCIÓN CRISTIANA: El hombre vive su vocación en la dimensión pascual comprometido dentro del contexto histórico en que vive, siguiendo a Jesús que libera del pecado y de la muerte. De Él recibe el impulso que lo llevará junto a todos los hombres, transformados en hijos de Dios por la eficacia del Espíritu a un dominio del mundo cada vez más perfecto, a una comunión con los hermanos en plenitud cada día. «El hombre Nuevo es pues, llamado a colaborar con el Padre en la construcción de la historia junto a los hermanos. Jesucristo es quien fortalece y da sentido a toda la vida de este hombre dedicada a la construcción de la Civilización del Amor en comunión y participación.»

SER ACOGEDOR: Como persona, llamada a la comunión con Dios y con los hombres, el Evangelio debe penetrar en su corazón, en sus experiencias y modelos de vida, en su cultura y ambiente para hacer una comunidad nueva, con hombres nuevos que caminen juntos hacia una nueva manera de vivir, de ser, de juzgar y de convivir, a fin de «crear una sociedad más justa, más participativa y más fraterna » (Paulo VI)

SER TESTIMONIO PROFÉTICO: Por la manera simple de ser, pues es la simplicidad la que permite que los otros se sientan bien recibidos; por su empeño en construir el Reino de Dios; por la vida de Oración, ya que ésta permite al hombre situarse delante de Dios; por la solidaridad humana, vivida en el esfuerzo compartido por construir una mayor justicia y fraternidad, a fin de que venga la paz, será testimonio profético también por el anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo. Profetismo que se manifiesta en los actos más simples de la vida cotidiana, en la perseverancia, en la fidelidad al Evangelio, en la Esperanza compartida que no se cansa de esperar.

PRINCIPIOS EDUCATIVOS

1º Principio: EDUCAR ES HUMANIZAR Y PERSONALIZAR

 «La educación tiene que apuntar a un pleno desarrollo de la personalidad humana y a un refuerzo del respeto por los derechos del hombre y por las libertades fundamentales». (Declaración Universal de los Derechos del Hombre, Art. 26)

La educación humaniza y personaliza al hombre cuando logra que éste desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolos fructificar en hábitos de comunión y de comprensión con la totalidad del orden real por los cuales, el mismo hombre humaniza su mundo, produce cultura, transforma la sociedad y construye la historia.

La educación es un proceso que provoca en el hombre el crecimiento y la madurez de sí mismo en la búsqueda de su plenitud.

2º Principio: LA EDUCACIÓN ES UN PROCESO DE INTERNALIZAR VALORES

Las decisiones que el hombre debe tomar a cada paso en la vida, conllevan la opción por algo favorable o desfavorable de su crecimiento como persona. Aquellos elementos favorables son verdaderos VALORES, bienes en sí que resultan constructivos para la persona en su calidad de tal.

El secreto de la educación radica en lograr que el educando perciba los valores como respuesta a sus aspiraciones profundas, a sus ansias de vida, de verdad, de bien, de belleza.

El mundo de valores que cada cual prefiere, configura su vocación, se convierte en uno de los perfiles más significativos de su identidad.

El educador tiene como meta orientar al educando en la elección de los valores del Evangelio: la Verdad, la Justicia, la Fraternidad, la Fe y el Amor.

3º Principio: EL CURRÍCULUM PROVOCA CAMBIOS EN EL PENSAR, EN EL SENTIR Y EN EL OBRAR.

La organización curricular está condicionada por la realidad y tiene como fin transformar esa realidad, definiendo las líneas básicas de acción escolar para la educación del alumno. Tiene en cuenta dos elementos fundamentales: el cambio de conductas que se propone y la influencia del currículum para lograr este cambio.

El currículum es el programa total de la escuela, la suma de todas las experiencias que proporciona, de toda la educación supervisada, recreación y trabajo en la comunidad.  Es el ambiente del educando en movimiento.

Implica todo aquello de lo que la escuela se hace responsable:

-Enseña de modo de crear una estructura intelectual

-Comprende profundas investigaciones escolares.

-Tiene en cuenta las diferencias individuales.

-Procura la síntesis entre fe y cultura, fe y vida.

-Insiste tanto en el bien como en la verdad y la belleza.

Debe:

-Desarrollar la comprensión social

-Ofrecer oportunidades para una verdadera participación

-Promover al máximo el desarrollo personal

-Promover la continuidad de experiencias

-Proveer objetivos educativos para todos los aspectos

-Usar experiencias de aprendizaje efectivas y recursos necesarios

-Considerar la evaluación como medio de retroalimentación en el proceso enseñanza- aprendizaje.

-Dar oportunidad al educando de pensar, concluir y decidir.

«Es tarea de la educación iluminar la inteligencia con la luz de la verdad, mover la voluntad hacia la práctica del bien, dirigir la fantasía, desarrollar íntegramente las facultades mentales, orientar los corazones para todo lo que sea noble, bello y fomentar el arte de pensar » (Mons. Juan B. Scalabrini)

 4º Principio: EDUCAR ES DESCUBRIR Y AFIRMAR LA PROPIA VOCACIÓN

Las circunstancias concretas de la vida llaman a cada cual a realizar los valores esenciales a través de mil variadas formas, que constituyen su vocación de estado de vida y su vocación profesional. Una orientación vocacional adecuada de los educandos forma parte esencial de la tarea educativa.

La familia, la escuela, la sociedad tienen el deber de crear las condiciones para que cada cual pueda descubrir y realizar el llamado de sus responsabilidades vocacionales.

Habrá que tener en cuenta no sólo las inclinaciones, aptitudes y dinámica de la personalidad de cada cual, sino también las urgencias del entorno a que nos debemos.

La vocación como servicio a la comunidad ha de ser una línea de fuerza de la educación en nuestras escuelas, atendiendo especialmente el carisma scalabriniano.

5º Principio: EDUCAR ES FORMAR AGENTES DE Transformación PARA UN MUNDO EN CAMBIO. 

La Iglesia es «signo e instrumento de la unidad de todo el género humano «, sintiéndose íntimamente implicada en la evolución de la civilización, de la cual la movilidad humana es un componente relevante.

La movilidad, cuyo mayor riesgo es la marginación, invita a una comprensión apropiada del mundo en que vivimos: resulta imposible quedar indiferente al vínculo de razas, civilizaciones, culturas e ideologías.

La sociedad de hoy caracterizada por el desarrollo científico y tecnológico tiende a la despersonalización y a la masificación. El hombre experimenta la fuerte necesidad de profundos cambios que le permitan una vida más humana.

Como respuesta a esta situación, se impone que la escuela sea realmente educativa, es decir, que forme personalidades fuertes y responsables, capaces de hacer opciones libres y justas; deberá capacitar para asumir el protagonismo de los cambios necesarios y afianzar en la vida la fidelidad a la verdad y a la justicia para lograr una mejor convivencia en el amor y la paz.

Es también tarea de la escuela regenerar, desde el ángulo de la educación, las pautas culturales y las normas de interacción social que posibiliten la creación de una nueva sociedad, verdaderamente participativa y fraterna, respetuosa de la libertad del hombre y de la idiosincrasia de los pueblos.

«El mundo al que hemos sido llamados a anunciar el misterio de la salvación es el de los migrantes. Para realizar nuestra misión, hacemos nuestra su vida y su peregrinar a ejemplo de Cristo que, por su encarnación, se unió al ambiente social y cultural en que vivió».(Mons. Juan .B. Scalabrini)


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